En los primeros años del siglo XIX se dió a cabo un proceso llamado La Restauración, en el cual los gobernantes de países europeos buscaban la reorganización de la monarquía para eliminar la influencia que había impuesto la independencia de los Estados Unidos y la revolución francesa.
Se define como revolución a un conjunto de levantamientos populares violentos, en el que cada simpatizante lucha por motivaciones políticas similares.
En tanto, una revolución liberal se apoya en dos ideologías, el liberalismo y el nacionalismo:
- El liberalismo rechaza toda clase de absolutismo y apoya la libertad del individuo.
- El nacionalismo o patriotismo, que tiene su origen en la expansión napoleónica, la cual produjo un aumento en el sentido de pertenencia hacia la nación.
Una de las revoluciones que más destacan dentro del territorio Europeo, fue la revolución de 1830. Esta revuelta fue un ciclo revolucionario de características liberales que buscaba un gobierno más cerca de la sociedad; teniendo sus orígenes en Francia, sin embargo la mayoría de sus participantes antiabsolutistas estaban dentro de asociaciones secretas dado al duro control policial. Hablar de los grupos sociales dentro de un hecho histórico donde participó mucha gente se torna impreciso, sin embargo, esta revolución en su mayoría se emancipó por burgueses, obreros, diputados liberales, republicanos e incluso periodistas, teniendo cada uno un diferente grado de entrometimiento.
Este hecho histórico, responde también después de una estrecha crísis socio-económica. La crisis se inicia en 1825 en Inglaterra y pasará más tarde a la Europa continental. En general se reduce el comercio y la producción industrial, en Francia esto se ve correspondido por una serie de huelgas protagonizadas por los obreros.
Cuando la crisis económica se estaba superando estalló en 1828 otra crisis más profunda ya que afecta no solo a la industria sino también a la producción agraria que se manifiesta principalmente en una mala cosecha de cereales y patatas. Esto conlleva al incremento del precio de los productos de primera necesidad. Como solución a la crisis se piden medidas contradictorias, los burgueses piden proteccionismo al gobierno frente a la competencia exterior, pero los comerciantes lo critican porque esto limitaría el volumen de intercambio de los productos. Como consecuencia se produce un aumento de mendigos, vagabundos y todo tipo de robos en la ciudad.
Finalmente, este extenso ciclo de levantamientos se inicia en el mandato de Luis Felipe I de Francia, con la llamada Monarquía de Julio, provocando que este ideal revolucionario se expandiera rápidamente. El fulminante sin embargo fue cuando el rey Carlos X, con motivos de replantar una monarquía absoluta, ignoró la constitución de 1814, suprimió la prensa (que en su gran parte hizo caso omiso a esta orden) y disolvió la cámara baja, consiguiente de excluir a gran parte de la burguesía a su derecho de voto. Producto de esto, la clase burguesa decidió cerrar sus tiendas y talleres en señal de protesta, dejando de esta manera en la calle a obreros y a algunos sectores populares que se sublevaron junto con la clase acomodada el 29 de Julio de 1830, en jornadas bautizadas como “Tres Gloriosas”. Carlos X con consecuencia de los reiterados levantamientos, abandona el trono y huye de París, abandonando La Restauración.
Posterior a esto se escribió una constitución más liberal, en la cual se reconocía de nuevo la soberanía nacional. Consecutivo a esto, comenzó a gobernar Luis Felipe de Orleans, que dictó una monarquía parlamentaria. Este hecho histórico se consideró como un enorme retroceso con respecto a su antecesor gobernante, su hermano Luis XVIII, que había sido aceptado por la mayoría de los franceses.
Posteriormente a este encuentro se empezó a expandir el rechazo hacia el absolutismo por ciertos lugares de Europa, provocando numerosos levantamientos.
En Bélgica, después del duro gobierno de Guillermo I que ofendía gravemente el nacionalismo de los belgas; restringiendo la libertad de prensa y dejando el ámbito educacional a inspectores protestantes, se ganó la enemistad de los revolucionarios y gran parte de los hombres de negocios, al obligarles a ayudar económicamente con las enormes deudas del estado. Se hizo peligroso el ambiente dentro de Bélgica, produciéndose un conflicto de particularidad nacionalista que culminó el 4 de Octubre con la independencia de Holanda, que tomó como referencia un modelo político monárquico parlamentario. Sin embargo, y a pesar del gran desorden político y descontento Europeo que azotaba este ciclo tan particular de la historia, no todas las revoluciones triunfaron.
En Polonia, un reino satélite unido a Rusia desde 1815 había un gran descontento después de la terrible política de Alejandro, su gobernante, que atentaba contra el ya creciente espíritu patriótico de la ciudadanía. Posterior a la continua actitud del líder de este país, se generó una áspera atmósfera que culminó en guerra. En noviembre de 1830 grupo de oficiales poloneses empezaron una rebelión contra la contención de los rusos, pero fueron derrocados por el nulo apoyo externo, haciendo que la mayoría de los liberales y nacionalistas polacos tuvieron que exiliarse a otros países. Mismo resultado en Italia, que no pudieron con algunas de sus revueltas liberales. Sin embargo, esta derrota sirvió para consolidar a través de los años el sentido nacionalista de este sector.
Alemania es un territorio fragmentado en muchos estados controlados por Austria y Prusia. El movimiento empieza a finales de 1830 por el norte, específicamente en Brunswick, Sajonia y Hannover. Y más tarde se extenderá por el sur, en Baviera. La revuelta tiene un fuerte contenido nacionalista. Austria y Prusia se coordinan y son rápidamente eliminados todos los focos revolucionarios. El nacionalismo alemán no desaparece, y la idea de pertenecer todos a una misma nación que hay que unificar seguirá en pie. Esta unificación no se realizará bajo el liberalismo, sino a través de conservadurismo prusiano en 1870.
En Italia la revolución tendrá un fuerte carácter nacionalista y será impulsado por una sociedad secreta, “los carbonarios”, todos sus esfuerzos se dirigen contra el poder del papa Gregorio XVI y contra la presencia austriaca en el norte de Italia. Austria es una potencia católica y el papa pide su ayuda. Aunque la revolución ha fracasado y el movimiento carbonario reprimido, permanecerá el sentimiento de la unificación italiana en 1870.
En España hubo un paso de un régimen político absolutista a un sistema liberal, iniciándose un periodo de 3 guerras civiles derivadas por la muerte del rey Fernando VIII entre liberales y absolutistas, conflictos denominados “guerras carlistas” en los que participaron los isabelinos, defensores de Isabel II y los carlistas, partidarios de Carlos María Isidro de Borbón de un régimen monárquico.
A pesar del gran desempeño de los revolucionarios en sus enfrentamientos, el paso de los años terminó afectando sus acciones hacia la Revolución de 1830. Los levantamientos dejaron en división a Europa en dos bandos: uno formado por Bélgica, España, Portugal, Francia y Gran Bretaña; y un sector absolutista, formado por Prusia, Rusia y Austria.
Aún así, los sentimientos encontrados nacionalistas de países como Polonia, Italia y Alemania siguieron vigentes, tal como la disposición de montar un gobierno liberal, motivo por el que estas tensiones volverían en 1848.
No obstante, esta notoria separación en dos bandos, no logró poner en desorden la estructura general de Europa, más bien ayudaron a forjar las primeras alianzas entre países, donde Francia y Gran Bretaña harían frente contra Prusia, Australia y Rusia.
Ya estaba claro que La Restauración ya había acabado, por lo que el popular ya se mostraba cansado de toda clase de absolutismo y sus injusticias. Estas oleadas revolucionarias terminarían en un definitivo enfrentamiento en 1848.
La Revolución de 1830 deja una huella social considerable en tanto al hecho de hacerse valer por sí misma a través de las acciones de las diferentes clases sociales; todos juntos en una lucha al unísono. Cabe destacar también el apoyo de la burguesía, que al ser la clase dominante del entonces, pudo tomar las riendas de los estamentos menos organizados.
Estos enfrentamientos ayudaron a situar las bases de la actual forma de Estado y sus estamentos, como también hizo despertar el derecho del pueblo de tener un líder que gobierne por ellos. No olvidar tampoco el sentido de patriotismo que dejó cada guerra de este periodo, el cual ayudará a la solidificación de Europa.
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